
En agosto visité Edimburgo y como suelo hacer en cada viaje visité alguna librería en busca de libros que no suele haber en las de mi zona. En un establecimiento de la Calle Princess encontré esta biografía de Eric Lidell, atleta escocés sobre cuya trayectoria deportiva y la de su compañero en el equipo británico de los Juegos Olímpicos del 1924 en París, Harold Abrahams, trata la magnífica película Carros de Fuego. Su lectura me ha resultado interesante porque el autor es un buen narrador que además se ha documentado de forma exhaustiva. Sin embargo el hecho de que la parte dedicada a la vida deportiva de Lidell apenas cubra un tercio del libro hace que este acabe resultando algo repetitivo y triste. Saber como va a terminar todo no ayuda a levantar el ánimo por mucho que continuamente se nos diga lo mucho y bueno que Lidell hizo a lo largo de su vida como misionero en China.
Más de la mitad del libro trata sobre sus dos últimos años de vida transcurridos allí en un campo de prisioneros durante la parte final de la Segunda Guerra Mundial. La descripción de las penurias vividas por él y el resto de presos en ese campo regentado por los japoneses es la parte principal de la obra y convierte al libro en otro más de los muchos sobre temática similar escritos desde entonces sin que además en este caso haya al menos la esperanza de una evasión. Obviamente la realidad fue la que fue y a ella se ciñe el autor haciéndolo además con gran rigor y enorme respeto hacia la figura de Lidell.