Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Fotos: Media Strade Bianche

Arco iris en la Toscana

Strade Bianche 2026.

La carrera que es cada vez más la primera de las grandes clásicas de la temporada ciclista es la más moderna y a la vez la de estilo más antiguo. Se disputa desde hace menos de veinte años y debe su nombre a los caminos de tierra por los que transita buena parte de su recorrido. Un homenaje a los albores del ciclismo, cuando las rutas sin asfaltar eran lo más habitual antes de que el progreso fuese alquitranando las vías de comunicación para hacerlas más transitables a los vehículos de dos y cuatro ruedas.

Su vigésima edición se disputó el 7 de marzo del 2026. Su desarrollo y su desenlace fueron calcados a la del 2024. Su vencedor el mismo de ambas y también de las del 2025 y el 2022. Como si la carrera que recuerda al pasado estuviese inmersa en un bucle temporal apenas nada cambió este año para sorpresa de nadie. Porque con Tadej Pogacar en la línea de salida de una carrera por primera vez esta temporada se acababa la incertidumbre en lo que respecta al nombre del ganador que había animado muchas de las citas iniciales de la campaña.

En su primera participación del año el esloveno volvía a demostrar su absoluta superioridad imponiéndose del mismo modo que hace dos años, con uno de esos cada vez más habituales ataques muy lejos de la meta que destrozan las piernas y las esperanzas de sus rivales. Igual que entonces el escenario fue el tramo de tierra de Monte Santa María. Algo más de once kilómetros a casi ochenta de la meta en lo que, literalmente, hizo que sus perseguidores mordiesen el polvo. Todos ellos desaparecieron de la vista en la neblina provocada por la estela polvorienta que Pogacar dejó a su paso cuando incrementó el ritmo en las empinadas rampas que llegan a alcanzar el dieciocho por ciento.

La única diferencia con su ataque del 2024 en el mismo sitio fue cromática. Ahora su cabello es rubio en lugar de moreno y su maillot de color blanco está adornado por la banda arcoiris de Campeón del Mundo en vez de por los colores de la bandera de su país. Lo demás fue exactamente igual. Aceleró, nadie pudo seguirle, se fue en solitario elevando pronto su ventaja por encima del minuto y el resto de la carrera se convirtió en una lucha por la segunda posición.

En esa pelea por ser el mejor de los perdedores se acabó imponiendo un joven ciclista francés con apenas diecinueve años de edad, cara de niño y la ambición y la clase de los elegidos. Se llama Paul Seixas y su nombre ya está junto al de Pogacar en el palmarés del Tour del Porvenir. Lo gano el año pasado en su primera temporada en el pelotón profesional y ha empezado la segunda demostrando sus más que fundadas aspiraciones a lograr en un futuro más o menos cercano triunfos del máximo nivel siguiendo la estela de Pogacar. En la Strade Bianche no logró mantenerse a su rueda pero no por ello desistió en su empeño pese al marcaje del duro y fiel Del Toro, perfecto en su papel de gregario de lujo del indiscutuble líder del UAE. Finalmente el joven del Decathlon dejó atrás al siempre luchador mexicano en la pugna por ser el mejor resto.

Mientras tanto, por delante de ellos, el imparable esloveno ya se había perdido en la distancia para llegar sin compañía por tercer año consecutivo al fastuoso escenario de la Piazza del Campo en Siena. Al recorrer los últimos metros brazos en alto entre los vítores de la mutitud, Pogacar consiguió además con su maillot de Campeón del Mundo que el arcoiris resplandeciese en la Toscana incluso en un día sin rastro alguno de los dos ingredientes cuya aparición simultanea lo producen, el sol y la lluvia.