Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Foto: Facebook Birmingham 2026

Campeonatos de Europa de Atletismo
Birmingham 2026

Segunda jornada - martes 11 de agosto
Finales de martillo masculino, 5000 femenino, longitud masculina, 100 metros vallas femenino y 100 masculino.

Con algo más de público en las tribunas pero todavía lejos de alcanzar el deseable lleno se celebró la segunda jornada de los europeos al aire libre de 2026 en Birmingham. De nuevo cinco finales en el programa vespertino, cerrado al igual que la víspera por la prueba reina de la velocidad, esta vez en su versión masculina

Martillo masculino: Colección Completa

A Bence Halász le faltaba una medalla.
La más preciada.
La de oro.
En los últimos ocho años el húngaro había conseguido siete pero ninguna del dorado metal. Tenía una plata olímpica y dos europeas, tres bronces en campeonatos del mundo y otro del certamen continental. Un palmarés magnífico pero incompleto.
Lo completó del mejor modo posible en Birmingham.
Dos lanzamientos en el entorno de los ochenta y un metros — uno por debajo, el otro por encima— le pusieron claramente en cabeza en la primera mitad del concurso.
Inició la segunda con otro similar mientras sus rivales no lograban pasar nunca de los ochenta. Entonces, al quinto intento, el alemán Merlin Hummel también rebasó los ochenta y uno. Le faltó algo más de medio metro para alcanzar la marca del líder pero se trataba de una amenaza nada desdeñable.
Halász respondió con el mejor lanzamiento de su vida.
Hizo girar su enorme cuerpo con la velocidad justa para conseguir el perfecto impulso que ayudase a sus potentes brazos a enviar el martillo más lejos de lo que nunca lo había lanzado.
En cuanto los más de siete kilos de pesado artefacto metálico salieron despedidos supo que lo había conseguido.
Mientras la bola de acero volaba ya estaba celebrando el éxito. Tenía motivos para ello. El aterrizaje se produjo veinticinco centímetros más allá de la marca de los ochenta y cuatro metros. El húngaro había ganado la medalla de oro que faltaba en su colección.

5000 metros femeninos: La imbatible favorita y la mejor del resto

Cuando una carrera va tan despacio puede ganar cualquiera. A esa esperanza se aferraron durante cuatro lentos kilómetros las rivales de la gran favorita en la prueba femenina de 5000 metros.
Vana esperanza.
Si era imposible vencer a Nadia Battocletti corriendo más que ella desde el principio, batirla en un final apretado tampoco estaba al alcance de ninguna.
En realidad, es muy probable que todas lo supiesen y su objetivo fuera ser la primera tras la gran favorita. Esa era la meta de Marta García. La española tenía muy claro lo que había que hacer. Ser paciente, guardar energías y esperar a que la italiana decidiese cuándo y cómo iba a ganar la carrera.
Parecía que iba a ser en el tercer kilómetro, pero fue solo un amago que estiró el grupo con tanta rapidez como se volvió a compactar al frenar la atleta de Trento.
Había que seguir esperando, pero Maureen Koster no quería seguir aguantándose las ganas de correr más deprisa. La neerlandesa incrementó el ritmo a falta de kilómetro y medio. Más de la mitad se descolgaron. Donde hacía un instante había un compacto pelotón de veintitrés atletas, ahora quedaban once corriendo en fila.
La primera selección estaba hecha. Battocletti hizo la segunda, la definitiva, en la última vuelta.
Esta vez Nadia aceleró más fuerte y ya solo frenó para cruzar la línea de meta en solitario, abriendo los brazos y sonriendo al cielo para celebrar su triunfo.
Tras ella Marta García cumplió su plan a la perfección. La italiana era, en efecto, imbatible. Pero la española fue la mejor del resto y logró lo máximo posible en una carrera así: una medalla de plata con sabor a victoria.

Longitud masculina: Volar contra el viento.

El aire soplaba con fuerza en dirección contraria a la de su avance mientras los finalistas del salto de longitud masculino en los europeos de Birmingham corrían a toda la velocidad que les era posible camino de su punto de despegue. Esa delgada tabla de madera que no han de pisar pero a la que deben acercarse lo máximo posible.
Un ejercicio de precisión que resulta aún más difícil de llevar a cabo con éxito si hay que abrirse paso contra el viento. Su soplido frena la carrera, disminuye el impulso y acorta el ya de por sí efímero vuelo que puede emprender un ser cuyo físico no está dotado de alas.
Durante media competición, la mayor potencia de Ehammer situó al frente de la clasificación al fornido y sonriente especialista en las pruebas combinadas.
Entonces, en su cuarto salto, Tentoglou encontró un instante con brisa menos fuerte que en los tres anteriores. Despegó con su perfecto estilo y aterrizó en la arena dejando su primera huella a 8,44 metros de la tabla.
Nadie iba a llegar tan lejos.
Sin realizar ningún intento más el griego ganó su cuarto oro europeo consecutivo. A diferencia de las tres anteriores, esta vez su principal rival había sido el viento.

100 metros vallas femeninos: La menor diferencia posible

Han ganado sus respectivas semifinales y han marcado los dos mejores tiempos de las ocho finalistas. Por eso parten juntas en las calles centrales.
Las dos son esbeltas, con delgados brazos y piernas musculosas.
Ambas llevan su cabello moreno recogido en un moño al que apunta una raya trazada en el centro de sus cabezas. Tan recta como la pista que van a afrontar en unos instantes.
Cien metros de tartán jalonados por diez vallas de ochenta y cuatro centímetros de altura.
Unos inclementes obstáculos que están acostumbradas a superar casi como si no existiesen. Los borran de su mente mientras los atacan con decisión. Una lo hace con la pierna izquierda, la otra con la derecha.
Tal y como están situadas en la pista eso hace que verlas correr desde la meta da la sensación de estar mirando una imagen reflejada en un espejo.
El diferente color de sus ceñidas vestimentas desmiente esa posibilidad.
A la izquierda, en la calle 4, avanza como un veloz destello blanco la polaca Pia Skrzyszowska.
A la derecha, en la 5, se mueve con la inmediatez de un rayo anaranjado la neerlandesa Nadine Visser.
En los primeros metros Pia va ligeramente por delante pero en cada valla Nadine reduce su desventaja milímetro a milímetro.
La última la superan juntas, con sus manos casi rozándose. De ahí a la meta quedan poco más de diez metros que recorren en un suspiro.
La cruzan a la vez. Cerrando los ojos. Apretando los dientes. Lanzando su cuerpo hacia adelante en un último y desesperado esfuerzo.
Han entrado tan juntas que a simple vista es imposible saber quién ha ganado.
Las dos esperan el veredicto de la tecnología abrazadas, compañeras antes que rivales.
Finalmente los fríos números decretan el triunfo de Visser por una milésima de segundo. La menor diferencia posible separa en la clasificación a dos mujeres que celebran el resultado tan juntas como han corrido para conseguirlo.
Solo una podía ganar pero las dos han vencido.

100 metros lisos masculinos: Los reyes de la velocidad

Las tribunas no están llenas pero el ambiente es eléctrico ante la última carrera del día. Ya es de noche sobre Birmingham cuando saltan a la pista los hombres más rápidos del atletismo europeo. Entre ellos hay dos británicos con piel de ébano. Uno es de origen jamaicano, la tierra de la velocidad: Romell Glave. El otro nació en la cercana Gales: Jeremiah Azu. Ambos sienten el aliento del público, deseoso de celebrar otra victoria como la conseguida la víspera por su compatriota Amy Hunt tras batir en los últimos metros a Ewa Svowoda.
Para lograrla tendrán que doblegar a un rival aún más formidable que la polaca. Deberán vencer a un campeón olímpico: Marcel Jacobs. Un portento físico de padre estadounidense y madre italiana que ha impresionado por la facilidad con que ha ganado su semifinal. Ahí es nada parar el crono en 10,08 pese a entrar en meta poco menos que al trote.
Sobre el papel parece una misión imposible.
Tal vez lo fuese de no ser porque unos minutos antes de iniciarse la carrera el italiano ha notado que algo no va bien en su bien esculpida musculatura.
Mientras se sitúa en los tacos de salida de la calle 5 espera que sea solo una falsa alarma. Cuando suena el disparo reacciona instintivamente y arranca con toda su fuerza pero apenas unos metros después el aviso se confirma. Tiene que frenar. Está fuera de carrera.
A su izquierda, Azu no llega a verlo. Desde la calle 4 ha partido más rápido que nadie. Absolutamente desencadenado. Sus brazos y piernas se mueven en todas direcciones mientras acelera en unos primeros metros frenéticos. Su estilo no es ortodoxo pero resulta eficaz y le sitúa al frente de la carrera.
Por un instante parece que va a ganar, pero a su derecha va surgiendo por la calle 7 el otro británico, Glave. Su tiempo de reacción ha sido algo mejor pero su aceleración inicial no resulta tan fulminante como la de compatriota. Sin embargo, es más constante. Gana velocidad y cruza la línea de llegada por delante.
También hay victoria británica en el 100 masculino. Esta vez, además, con doblete. Los atletas de casa son los reyes de la velocidad en los europeos de Birmingham 2026.

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