Los Campeonatos de Europa de Atletismo de 2026 empezaron el lunes 10 de agosto en Birmingham con más temperatura y menos público de lo que se puede esperar en un país de clima fresco y gran afición deportiva como es Gran Bretaña. Fuese por el alto precio de las entradas o por el tórrido agosto que están viviendo en Inglaterra, el caso es que las tribunas mostraron demasiados huecos en una jornada inicial que deparó cinco finales en las que ya hubo algunos de esos momentos que a buen seguro estarán luego entre los más recordados de esta nueva edición de los europeos al aire libre.
Peso femenino y masculino: Pronósticos con mucho peso

Las dos finales de lanzamiento de peso tenían claros favoritos. En la femenina se esperaba el triunfo de Jessica Schilder. En la masculina el vencedor debía ser Leonardo Fabbri.
Ambos se encargaron de cumplir los pronósticos con abrumadora claridad.
La neerlandesa se habría impuesto con el 19,81 de su primer lanzamiento. Una distancia modesta para ella pero a la que solo se acercó, también al primer intento, su compatriota Jorinde Van Klinken. Pero mientras la especialista en disco no conseguriría enviar la pesada esfera más lejos en las cuatro restantes tentativas, la vigente campeona mundial y europea la hizo aterrizar por encima de los 20 metros en tres ocasiones, alcanzando cada vez a más distancia.
Schilder remató la consecución de la medalla de oro con un tiro final a 27 centimétros del arco con 21 metros de radio trazado sobre el cesped. Una frontera demasiado lejana para sus rivales.
Lo mismo hizo el italiano en la prueba masculina, cuyo desarrollo y desenlace fue practicamente calcado al de la competición femenina. Fabbri habría vencido con su primer lanzamiento, mejoró su marca en los dos siguientes y su último tiro válido, el tercero, superó una línea, la de 22 metros, que resultó infranqueable para sus adversarios. Entre estos, el segundo desde el inicio fue su compatriota Zane Weir que también logró la plata con la marca de su primer intento, único suyo y del resto que pasó de los 21 metros. Demasiado poco para inquietar al gigantesco Fabbrino.
5000 metros masculinos: Muchas dudas y una certeza

La presencia de Jacob Ingebrigtsen era la principal noticia de la jornada inicial en Birmingham. Después de once meses sin competir, el sensacional noruego volvía a salir a la pista y no lo hacía en una carrera cualquiera. Su regreso se producía en la final directa de los 5000 metros del Campeonato de Europa. Una prueba que había ganado en sus tres últimas ediciones. La gran pregunta era si podría lograr un cuarto oro en la distancia de los cinco kilómetros. Ni siquiera alguien tan seguro de sí mismo como él tenía la respuesta.
Las dudas sobre su estado de forma rondaban tanto su cabeza como la de sus rivales y la carrera reflejaba a la perfección esa incertidumbre.
El ritmo no era lento pero tampoco rápido. Como si nadie se atreviese a desafiar al triple campeón pero tampoco quisiera ir demasiado despacio confiando en su presunta baja forma.
El primer kilómetro se cubrió en 2'45 con Ingebrigtsen a cola del largo grupo.
Escoltado por su hermano Filip.
Vigilado por Jimmy Gressier, quien más tenía que ganar si el noruego no estaba en su mejor momento.
Los tres siguientes kilómetros dejaron el mismo registro en los cronómetros, un constante 2'41.
Suficiente para ir estirando el grupo.
Insuficiente para aclarar las dudas sobre las reales posibilidades del temible atleta nórdico.
Al completar el cuatro mil su esbelta figura empezó a acercarse a los puestos de cabeza.
Con tranquilidad.
Sin alardes.
Al frente se situó el francés, entre inseguro y decidido.
Queriendo marcar la pauta pero sin atreverse a forzar en exceso.
El ritmo se fue incrementando poco a poco, con Ingebrigtsen corriendo al borde de la línea de la calle 1. Sin que nadie, ni siquiera él mismo, supiera si podría acelerar del modo imparable con el que ha ganado tantas carreras.
Así se pasó por el toque de campana. Con Gressier delante. Con Ingebrigtsen a la expectativa.
Del mismo modo, pero ya más deprisa, se corrió la última vuelta, se afrontó la última curva y se entró en la última recta.
Pero ya nada era igual.
En la cabeza del noruego se habían despejado todas las dudas.
A falta de sesenta metros cambió con esa innata facilidad propia de los más grandes y todo volvió a ser como antes. Como en Berlin 2018. Como en Münich 2022. Como en Roma 2024.
El primero en cruzar la línea de meta en la final masculina de 5000 metros del Campeonato de Europa celebrados en el verano de 2026 en Birmingham fue Jacob Ingebrigtsen con una marca mejor que esas tres anteriores ocasiones.
Antes de empezar la carrera había dudas.
Trece minutos y quince segundos después quedó solo una certeza: el fabuloso noruego sigue siendo el mejor.
4x400 mixto: Empezar con fuerza, terminar con velocidad.

El equipo de Noruega ganó la final del relevo mixto 4x400 con la táctica más clásica si en tu formación cuentas con dos atletas de un nivel claramente superior: que uno de ellos tome ventaja y el otro, en este caso la otra, remate la faena.
La posta inicial del sensacional Karsten Warholm fue su clásica demostración de fuerza explosiva y absoluto desprecio al dolor que supone correr una vuelta a la pista dándolo todo desde el primer al último metro, haya o no vallas de por medio.
Naturalmente entregó el primero pero su compañera, la también vallista Amalie Iuel, poco pudo hacer ante la avalancha que siempre es la imponente Lieke Klaver.
Para la noruega se trataba sobre todo de resistir.
Mismo plan que tenía el siguiente relevista nórdico, Andreas Kulseng, rebasado en su posta por el local Toby Harries, llevado en volandas por su público en la recta.
Daba igual.
El relevo quedó entonces en manos de la otra estrella noruega, la tercera de una noche mágica para el atletismo de su país: Henriette Jaeger. Una atleta inteligente además de rápida. Sabía lo que tenía que hacer así que se pegó a las dos primeras y esperó su momento. Llegó en la recta final. Mientras la británica y la neerlandesa buscaban fuerzas donde ya empezaban a no quedar, la escandinava paró, templó y mandó. Redujo una marcha para subir las revoluciones de su potente motor y entonces pisó a fondo el acelerador para cerrar la carrera como había comenzado: con el azul y rojo de Noruega por delante de todos.
100 metros lisos femeninos: Caza mayor.

La atleta polaca de musculosa piel moteada por numerosos tatuajes asemeja a una feroz hembra de leopardo decidida a cazar a la esbelta y delgada británica con físico de gacela. Sin embargo el desarrollo de la final femenina de los 100 metros lisos no pudo ser más diferente a la clásica escena tantas veces vista en los documentales de naturaleza. Esa en la que el ligero y veloz hervíboro trata de huir a toda velocidad pero acaba siendo atrapado por el poderoso depredador que arranca en su persecución.
En la recta del estadio de Birmingham la que corre por delante es la potente Ewa Svowoda, lanzada desde los tacos de salida como si fuese una bala disparada por la pistola que luce sobre la piel de su brazo derecho. Avanza con decisión, impulsada por unas piernas fuertes que pisotean sin piedad el tartán.
Su perseguidora es la grácil Amy Hunt, menos veloz en los primero metros pero de imparable aceleración. Corre con elegancia, pisada más ligera y zancadas más amplias. Mira al frente con expresión concentrada y se mantiene erguida hasta el último metro. Apenas cinco o seis antes ya ha rebasado a la polaca y a todas las demás pero solo cuando va a cruzar la línea de meta se permite sonreir.
La frágil gacela ha vencido a la leopardo y al resto de fieras.
La cazadora ha sido cazada por la atleta cuyo apellido significa precisamente cazar.