Después del ya clásico arranque de las últimas temporadas en St.Petersburgh la temporada de Indycar continuó con otras dos pruebas en dos semanas consecutivas disputadas sobre trazados radicalmente diferentes. La segunda tuvo como escenario el oval de Phoenix, la tercera el nuevo circuito urbano de Arlington.
La pista del desierto de Arizona realmente no es un óvalo como tampoco lo son ninguna de las denominadas así. En este caso se trata más bien de un triángulo irregular de esquinas redondeadas. Aunque su forma sea similar al de Nashville que cerró la pasada campaña es un circuito muy distinto, más corto y con velocidades menores aunque no por ello bajas en absoluto. De hecho se podría decir que Phoenix es el más 'rutero' de los 'ovales' en el sentido de que es necesario frenar y quitar marchas para abordar sus virajes. La gran diferencia, eso sí, es que son sólo tres y todos hacia la izquierda. Se reparten de forma prácticamente equidistante en una milla que se recorre en apenas veinte segundos a cerca de 280 kilómetros por hora de media.
La Indycar retornaba a Phoenix después de ocho años de ausencia pero el resultado de la carrera acababa siendo el mismo de su última visita allá por el 2018. Al igual que entonces la victoria acababa siendo para Josef Newgarden. El piloto de Penske acertaba al parar para montar neumáticos nuevos durante la última neutralización con banderas amarillas. Caía hasta el décimo puesto cuando faltaban por recorrer sólo 32 de las 250 vueltas previstas pero las gomas más frescas le permitían remontar posiciones con rapidez. A siete del final culminaba su remontada después de haber superado en rápida sucesión a su compañero Malukas, a Rasmussen y a Kirkwood. Los tres habían apostado por mantenerse en cabeza sin hacer el último paso por boxes. Una táctica que habría funcionado de no ser por el extraordinario ritmo de Newgarden, una vez más imparable en un trazado oval. Jugando con el significado de su apellido se puede decir que este tipo de pistas son su jardín, no en vano sus diez últimas victorias han llegado en estos trazados a lo largo de los últimos cuatro años.
Una semana después la Indycar estaba de estreno en Arlington compitiendo sobre un nuevo circuito urbano en las calles de la ciudad texana. Un trazado que rodeaba el imponente y modernísimo estadio en el que juegan los Dallas Cowboys de fútbol americano y el no menos destacable pero mucho más clásico campo de los Rangers de beisbol. Dos iconos deportivos de la tercera ciudad más populosa del estado de la estrella solitaria. Una zona de los Estados Unidos de América donde todo se hace a lo grande así que no es de extrañar que el nuevo escenario preparado en su seno para la competición del motor sea, con sus cerca de cuatro kilómetros y medio de longitud, el más largo de los de este tipo incluidos el calendario de la Indycar esta temporada. Por esos lares también se tiende a exagerar como demostraba la muy anunciada recta de alrededor de una milla que, en realidad no es del todo recta si no más bien una ondulada sección que une las curvas 9 y 10, dos virajes a 90º típicos de las pistas urbanas.
En conjunto el de Arlington es un circuito que en su dibujo se da un aire al de Bakú que acoge el Gran Premio de Fórmula 1 de Azerbaiyán y acabó deparando una carrera más al estilo de las de la máxima categoría del automovilismo mundial que a las habituales de su versión americana. Pese a la rapidez y la anchura de algunas zonas los puntos en los que resultaba posible adelantar acabaron siendo más bien escasos incluso aunque la conocida robustez de los veteranos Dallara DW12 permita abrirse paso a empujones en las curvas más lentas. La estrategia iba a ser clave así que con sus mejores intérpretes, Palou y su monoplaza del equipo de Chip Ganassi, partiendo desde el segundo puesto todo apuntaba a un nuevo triunfo del piloto español. De hecho la primera parte de la competición recordaba a lo visto en las calles de St. Petersburg dos semanas antes. El barcelonés se mantenía al acecho mientras lideraba el sueco del Team Andretti Marcus Ericsson, y pasaba a ocupar la primera posición tras el primer paso por 'boxes', cuando sus mecánicos resultaban mucho más efectivos que los del rival. A partir de ahí el Dallara amarillo se distanciaba mientras sus oponentes luchaban entre sí y la victoria de Palou parecía inevitable, de nuevo basada en su inteligencia táctica, sin necesidad de arriesgar para adelantar a nadie pero con un ritmo de carrera tan impecable como implacable.
Sin embargo esta vez por detrás acababa emergiendo alguien capaz de ir más rápido aún que el tetracampeón. Kyle Kirkwood había perdido la carrera en Phoenix siete días antes sufriendo un adelantamiento a siete vueltas del final. Entonces había sido la presa de un perseguidor más veloz. Esta vez se convertía en el cazador. El margen de alrededor de siete segundos que había acumulado Palou parecía suficiente pero no lo era. Tras rebasar a su compañero Ericsson y a Lundgaard, el estadounidense empezaba a recortar distancias hasta entrar a la amplia y doble calle de 'boxes' junto al español cuando ambos hacían su última parada de repostaje y cambio de neumáticos a 21 vueltas del final. De nuevo los mecánicos de Ganassi completaban una operación perfecta mientras los de Andretti volvían a tener problemas a la hora de fijar una de las llantas.
Kirkwood retornaba a pista justo a tiempo de no ser superado por Malukas pero a casi cuatro segundos de Palou. Daba igual, el ritmo del piloto de Florida era tan extraterrestre como el nombre de su lugar de nacimiento, Jupiter. En apenas cinco vueltas su Dallara negro y oro ya estaba de nuevo pegado al rojigualda del líder. El español tapaba todos los huecos pero el americano acababa encontrando uno donde no parecía haberlo, se lanzaba decidido por el interior y se situaba en cabeza comenzando de inmediato a escaparse. A cuatro vueltas del final aparecía la primera bandera amarilla del día y dejaba en nada su ventaja. Podía ser una última e inesperada ocasión para Palou pero el catalán no podía siquiera intentar aprovecharla en los breves instantes de bandera verde a dos giros del final antes de que un incidente en la parte de atrás del grupo obligase a terminar la carrera en régimen de neutralización.
Tras haber acabado cuarto en St.Petersburgh y segundo en Phoenix Kirkwood completaba su progresión artimética hacia la victoria en Arlington logrando su quinto triunfo en su todavía corta carrera en Indycar, el cuarto en un trazado urbano. Las calles de Arlington acabaron siendo suyas como ya lo habían sido el año pasado las de Detroit y tanto en el 2005 como en el de 2023 las de Long Beach.