Daniel Ceán-Bermúdez
@daniel_cean
Foto: Honda Racing Media

Tranquila superioridad

Long Beach - 5ª prueba NTT Indycar Series 2026.

Dicen que la Fórmula 1 está de moda en Estados Unidos gracias a una serie de televisión. Las espectaculares cifras de audiencias alcanzadas en sus primeras temporadas por 'Drive to survive' suelen esgrimirse como la principal causa del auge de la máxima categoría del automovilismo mundial en un país que siempre ha tenido una relación complicada con cualquier especialidad deportiva que no considera como propia. El interés despertado por esos documentales, en los que se dramatiza la realidad de las carreras para hacerlas más del gusto del televidente medio norteamericano, unido al hecho de que el actual propietario de los derechos comerciales de la Fórmula 1 es una empresa de allí, ha llevado a la entrada en el calendario del Campeonato del Mundo de los circuitos urbanos de Miami y Las Vegas. Su presencia junto al trazado permanente del 'Circuito de las Américas' en la capital del estado de Texas ha elevado a tres el número de Grandes Premios celebrados cada año en territorio estadounidense.

Sin embargo mucho antes de este reciente popularidad de la Fórmula 1 por aquellos lares ya fue habitual durante un tiempo que hubiese dos pruebas puntuables en Estados Unidos: una en la costa este y otra en la oeste. Entre el 1976 y el 1983 esta última se disputó en un trazado urbano que durante aquellos ocho años se convirtió en la versión americana de Mónaco: Long Beach. Situada unos treinta kilómetros al sur de Los Ángeles, esta ciudad costera californiana había acogido en el 1975 una competición de Fórmula 5000 y desde el 1984 ha sido cita fija en las diferentes versiones del certamen estadounidense de monoplazas, desde la CART a la ChampCar y la actual Indycar.

En esos más de cincuenta años el trazado en la zona del puerto de Long Beach ha cambiado pero el ambiente alrededor de la carrera se ha mantenido convirtiendo a la prueba concebida a mediados de los setenta por Chris Pook en una de las más populares de un campeonato que, pese a su indudable atractivo, sigue estando muy lejos de los números que mueve por allí no sólo la Fórmula 1 últimamente sino también el verdadero gigante automovilístico USA, la NASCAR, y las ligas de los deportes más populares en Norte América: el beisbol, el fútbol americano y el baloncesto.

Este año el ahora denominado Acura Grand Prix era la quinta prueba de la temporada. En las cuatro anteriores los triunfos se los habían repartido el vigente campeón, Alex Palou (único en repetir victoria), el ganador en las dos últimas ediciones de la carrera californiana, Kyle Kirkwood, y el vencedor hace cuatro años en las calles de Long Beach, Josef Newgarden. A los tres y a todos los demás superó en la sesión de clasificación Felix Rosenqvist.

El sueco situó muy apropiadamente el Dallara con los colores del patrocinador de la prueba, Acura, al frente del grupo. Al lado del monoplaza azul del equipo Meyer Shank Racing partía el naranja de McLaren pilotado por 'Pato' O'Ward. Tras ellos los dos primeros clasificados del campeonato compartían segunda línea y color predonimante en las carrocerías de sus vehículos al estrenar Alex Palou una decoración negra en su unidad de Ganassi y mantener Kyle Kirkwood los tonos negro y dorado en el de Andretti que viene usando desde principio de campaña.

El cambio de aspecto en el coche del español acabó siendo lo único diferente a lo que suele ser cada vez más habitual en las carreras de Indycar. En particular la de Long Beach pareció una repetición de la que abrío la temporada hace mes y medio en las calles de Saint Petersbough.

Palou conservó su puesto en la salida ante el acoso de Kirkwood, único piloto que había sumado más puntos que él en lo que iba de campaña. Al comienzo de la segunda vuelta superó con tanta limpieza como decisión a 'Pato' en la frenada tras la histórica 'Shoreline Drive'. Tras pasar al mexicano se mantuvo a la expectativa por detrás de Rosenqvist que lideró sin poder distanciar nunca al español en más que apenas un par de segundos. Ambos hicieron en la primera parada en boxes al finalizar el tercio de las 90 vueltas previstas y retornaron a pista en el mismo orden, siempre con el escandinavo por delante del catalán. Así continuaron rodando todo el segundo tercio de la competición pero aunque el de Andretti llegó a tener algo más de dos segundos de margen la sensación de que eso no iba a ser suficiente resultaba inevitable. Palou pilotaba con su habitual precisión, sin un error, sin el más mínimo exceso, controlando el desgaste de los neumáticos y el consumo de combustible. El escenario era el tantas veces visto. Cuando llegase el momento de la parada final se mantendría en pista una vuelta más que su rival y le superaría a base de estrategia, sin necesidad de arriesgarse a intentar un adelantamiento difícil en una pista en la que prácticamente nadie superaba a nadie.

Entonces un trozo de fibra de carbono a la salida de una curva ciega provocó la que sería única neutralización con bandera amarilla. Llego en la vuelta 57, momento ideal para hacer el último repostaje y cambio de neumáticos. Podía ser la salvación para Rosenqvist ya que todos entraban a la vez y la posible ventaja de dar una vuelta más se desvanecía para su amenazante perseguidor. Pero los mecánicos de Ganassi emplearon un segundo menos que los de Meyer Shank Racing en añadir combustible y montar nuevos neumáticos consiguiendo que el español se reincoporase a pista por delante del sueco. El adelantamiento había llegado del tercer modo posible. Tal vez el menos esperado pero lo importante es que se había producido.

A partir de ahí ya no hubo historia. Calzado su Dallara con las gomas de compuesto duro Palou empezó a marcar un ritmo imposible de seguir para su rival. En una vuelta ya le sacaba un segundo. Cuatro más tarde había doblado la ventaja. Transcurridas otras diez el margen ya estaba por encima de los cinco segundos. Quedaban los diez últimos giros en los que el piloto del Dallara negro patrocinado por una empresa de inteligencia articial volvió a hacer gala de su talento natural. Dosificó la distancia, conservó la mecánica, el combustible y los neumáticos y cruzó la meta por delante de todos una vez más. La tercera en lo que va de temporada. La primera en las calles de Long Beach, uno de los pocos escenarios que le quedaban por conquistar.

El triunfo de Palou en la inusualmente lineal carrera californiana, en la que fue protagonista del único adelantamiento en pista que se produjó entre los seis primeros, permite al barcelonés recuperar el primer puesto en la clasificación del campeonato por delante de Kirkwood. El estadounidense terminó de nuevo entre los cinco primeros, cuarto en esta ocasión tras no poder superar al veterano Dixon en la lucha final por el tercer puesto. Su regularidad está siendo magnífica pero va a necesitar bastante más que eso para evitar que Palou gane su quinto campeonato en seis temporadas. Porque sea con el color que sea en su coche el español no falla y deja con cada nuevo triunfo una sensación de tranquila superioridad que es la peor noticia para sus rivales y para el interés de un campeonato en el que las carreras aburridas empiezan a ser la norma en vez de la excepción.