El Campeonato del Mundo de Fórmula 1 de 2026 inició a finales de mayo, en Mónaco, lo que solía conocerse como «la temporada europea». Una denominación que viene de épocas, allá por las décadas de los sesenta y setenta, en las que el certamen se iniciaba en Sudamérica o Sudáfrica antes de disputar la mayoría de sus competiciones de forma consecutiva en el mal llamado «viejo continente». Este año, después de mucho tiempo sin que ocurriese, las pruebas europeas vuelven a estar seguidas en el calendario, con una pausa temporal en el mes de agosto como única interrupción.

Antes de ese descanso estival se han celebrado seis en apenas dos meses que han deparado una variedad de resultados impensable tras el arranque de la campaña con cinco triunfos consecutivos de Mercedes, los cuatro últimos logrados, además, por el mismo piloto, Andrea Kimi Antonelli. El italiano elevó su racha a cinco ganando también en el escenario más prestigioso, las calles de Montecarlo. La victoria del joven prodigio nacido en Bolonia fue especialmente convincente. Se empezó a fraguar el sábado al lograr la pole position pese a una vuelta absolutamente al límite de Verstappen, al que superó por el exiguo pero decisivo margen de cuarenta y tres milésimas. Se concretó el domingo pese a la amenaza de los Ferrari, que tomaron el relevo del Red Bull, fuera de combate por avería nada más arrancar. Antonelli controló la carrera a su antojo, marcando un ritmo imposible de seguir para los monoplazas rojos, y no cometió el más mínimo error, rodando con una solvencia inhabitual en un piloto de su todavía escasa experiencia. Su tranquilidad no se alteró tampoco cuando todo el trabajo previo para distanciar a sus perseguidores quedó en nada al interrumpirse la competición con bandera roja debido al deterioro del asfalto en la última. Quedaban diez vueltas, había que dar una nueva salida y era volver a empezar, pero Kimi volvió a rozar la perfección partiendo raudo para escaparse de nuevo sin fallo alguno mientras por detrás quien erraba era Leclerc. En plena espiral de frustración después de sus errores en las sesiones de clasificación de Canadá y de la víspera, el monegasco acabó contra el guardanieve en Anthony Noghes cuando esperaba todavía terminar segundo por delante de su compañero Hamilton. El inglés de Ferrari logró finalmente acabar segundo, aunque fue uno de los muchos afectados por una catarata de penalizaciones por exceso de velocidad en el pit-lane. Luego se descubriría que las había causado una incorrecta medición en la calle de boxes, pero, entretanto, el tercero en meta, Pierre Gasly, se quedó sin subir al podio más glamuroso del año. Días después la FIA atendió la reclamación de su equipo y restituyó el tan meritorio como sorprendente resultado del piloto de Alpine.

Con seis victorias de Mercedes y cinco seguidas de Antonelli se llegó una semana después a un escenario habitual que estrenaba denominación para su carrera. En el circuito de Barcelona-Cataluña se disputó el primer Gran Premio con ese mismo nombre, ya que el de España tendrá lugar en septiembre en el nuevo trazado semiurbano que se está ultimando en las afueras de Madrid. Con Russell en pole position, el color plateado de Mercedes volvía a abrir la parrilla de salida como en todas las anteriores pruebas de la temporada. Pero el segundo mejor tiempo de Hamilton, a solo sesenta y cuatro milésimas con el Ferrari, dejaba abierto un resquicio a la sorpresa. En la Scuderia italiana estaban decididos a aprovecharlo y el SF-26 del británico se presentaba en la parrilla con las Pirelli cuyo color identificativo hace juego con el clásico rojo de los monoplazas de Maranello. Calzado con las gomas más blandas frente a las de compuesto medio que montaban a su alrededor los dos Mercedes, la apuesta era clara: Lewis iba a tratar de situarse en cabeza nada más se apagasen los semáforos de salida. Así que, cuando no lo conseguía, todo apuntaba a que iba a ganar de nuevo un Mercedes, esta vez el de Russell, ya que el inglés había conservado sin problemas el primer puesto. Sin embargo, en Ferrari no se rendían y apostaban por una agresiva estrategia de tres paradas en boxes. Rodando en aire limpio tras las dos primeras, Hamilton tenía mejor ritmo que las flechas plateadas mientras que los ingenieros del equipo de la estrella, tras haber respondido con presteza a la primera, se preocupaban más por contener al McLaren de Norris antes de hacer la segunda, que para ellos debía ser la última. Cuando finalmente la realizaban, sus dos monoplazas seguían por delante del pilotado por el vigente campeón, pero estaban algo más de diez segundos por detrás del Ferrari del británico, cuyo ritmo era magnífico. Tendría que hacer una parada más, pero la velocidad que estaba mostrando podía amenazar el teórico doblete de Mercedes aunque fuese a retornar cuarto tras su último paso por boxes. Entonces, ironías del destino, el desastroso Aston Martin de Alonso fallaba una vez más y su detención al borde de la pista provocaba la activación del coche de seguridad virtual. La desventura del archirrival del inglés en sus tiempos de compañeros en McLaren llegaba en el momento justo para que Lewis entrase en boxes y volviese a salir a pista sin perder el liderato. Calzado con gomas duras nuevas y sin nadie por delante, el Ferrari resultaba inalcanzable para los Mercedes. Entre estos, Antonelli había alcanzado y rebasado a Russell justo antes de tener que abandonar por avería. La gran sorpresa se había consumado. Hamilton conseguía su primera victoria con Ferrari y pasaba además a ocupar la segunda posición en la clasificación del campeonato.

El resultado de la carrera catalana quebró la que parecía irrompible racha de Mercedes. Dos semanas después, el desarrollo y desenlace del Gran Premio de Austria devolvió en cierto modo las aguas a su cauce. Lo hizo, eso sí, con las dudas que dejó la pole position lograda en el último momento por Russell mientras ondeaban banderas amarillas en la curva final, donde acababa de salirse Verstappen en su intento de lograr el mejor crono con el Red Bull. El equipo del inglés lograba demostrar que su piloto había «levantado el pie» en la zona señalada, de modo que cumplía con la letra del reglamento aunque, indudablemente, no lo hacía en absoluto con su espíritu, ya que la reducción de su velocidad había sido muy leve. En todo caso, George partió el domingo desde la primera posición y la mantuvo hasta la llegada pese al acoso inicial de los Ferrari, que se fueron desdibujando, y el final de Verstappen, que se acercó, pero no pudo inquietar a un Mercedes mientras contenía al otro que llegaba por detrás, pilotado por Antonelli. Para el italiano fue el tercer puesto en un fin de semana mucho menos brillante que la mayoría de los anteriores, pero rentable a efectos de puntuación, ya que minimizó las pérdidas ante su compañero y aumentó la ventaja respecto a Hamilton. El británico de Ferrari solo pudo acabar quinto después de una bastante desacertada estrategia de su equipo, que decidió hacerle parar en boxes cuando iba tercero, dos puestos por delante del líder del mundial, pensando que unas gomas nuevas eran más importantes que la posición en pista, algo que el desarrollo de la carrera, con pocos adelantamientos en los puestos de cabeza, se encargó de demostrar como erróneo.

Tampoco acertó el muro de Ferrari en la carrera más importante en mucho tiempo para su flamante fichaje del año pasado. Otro cambio de neumáticos que terminó por ser innecesario evitó lo que habría sido un sensacional doblete para la Scuderia en Silverstone. Eso sí, con Leclerc por delante del ídolo local, que finalmente tendría que conformarse con la tercera posición. El Gran Premio de Gran Bretaña deparó el retorno a la victoria para el monegasco después de una racha negativa que le estaba relegando al incómodo papel de segunda opción para su equipo. En el circuito que nació siendo un aeródromo en la Segunda Guerra Mundial, Charles volvió a volar, aunque también tuvo esa pizca de fortuna que había ayudado a su compañero a ganar en Cataluña. Esta vez fue en forma de avería del Mercedes de Antonelli cuando el italiano lo estaba alcanzando y el superior ritmo que mostraba hacía pensar en una nueva victoria para el líder del mundial. La retirada de Kimi y la decisión de Ferrari de llamar a boxes a Hamilton cuando intervino el coche de seguridad a cinco vueltas del final, debido a la salida de pista del Red Bull de Verstappen, que rodaba tercero tras los dos monoplazas rojos, acabó poniendo en bandeja el segundo puesto a Russell. En un visto y no visto, el inglés pasó de cuarto a segundo, puesto que además no tuvo que defender al alargarse más de lo esperado la neutralización y terminar la carrera sin ser relanzada. De ese modo, George recortó distancias frente a su joven compañero en un fin de semana que se había iniciado con el piloto boloñés ganando el sprint y aumentando su margen al frente del mundial.

Dos semanas después, la Fórmula 1 visitó otro escenario histórico: Spa-Francorchamps. El reto del siempre fascinante trazado del bosque de las Ardenas lo fue bastante menos esta vez, muy condicionados los pilotos por las altas demandas de energía de un recorrido en el que la necesidad de potencia vaciaba con rapidez las baterías del sistema eléctrico de los monoplazas. La carrera belga acabó siendo ganada con cierta facilidad por Antonelli, pese a que el liderato de Leclerc en la segunda mitad, aprovechando un periodo de coche de seguridad virtual para cambiar sus neumáticos, pudo hacer pensar en una segunda victoria para el monegasco. Un pensamiento poco realista, como pronto se encargó de demostrar el italiano de Mercedes superando a su rival con una superioridad incuestionable en la larga recta de Kemmel. La eficiencia energética del Mercedes quedó especialmente demostrada en una pista que hizo sufrir a todos en ese apartado. Para su desgracia, Russell no la pudo aprovechar al haber sido víctima de un toque con Hamilton en la primera vuelta. El incidente le costó una sanción al británico, condicionando su carrera hasta llevarle al cuarto puesto cuando, por ritmo, estaba en la lucha por, al menos, haber terminado segundo. Así las cosas, el sexto triunfo del año para Andrea Kimi permitió al de Bolonia abrir brecha de nuevo al frente de la clasificación del campeonato.

El sexteto de carreras europeas de la primera parte del verano se completó el último fin de semana de julio en el siempre caluroso Hungaroring. El tortuoso circuito magiar es lo opuesto a Spa en cuanto a características. Mientras en Bélgica se suceden las curvas rápidas y las largas rectas, en Hungría lo que priman son los virajes de baja velocidad uniendo escasos tramos rectilíneos. Eso lo hace ideal para esta controvertida generación de monoplazas al permitir que su parte eléctrica rinda mucho mejor y deje de ser la principal preocupación de unos y otros. Lo que nadie esperaba es que el trazado húngaro fuese el primero en el que no saliese un Mercedes desde la pole position y tampoco hubiese ninguno en la fila inicial de la parrilla de salida. Los dos mejores cronos en la Q3 los lograron el McLaren de Norris y el Ferrari de Hamilton. Había que descender a la cuarta posición de la lista de tiempos para encontrar al Mercedes de Antonelli, a casi tres décimas del registro conseguido por el actual campeón del mundo. Además, el italiano, al igual que Hamilton, partiría desde tres posiciones más atrás debido a la penalización de la que su compañero Russell se había librado en Austria: infracción en zona de banderas amarillas. La que afectaba al inglés era, en cambio, por no haberse apartado a tiempo cuando Piastri estaba en un intento de vuelta rápida. El australiano saldría desde la tercera posición, heredando Leclerc la segunda. En la arrancada, el de Ferrari fallaba y caía hasta el quinto puesto, superado también por Verstappen y Hamilton, mientras que el de McLaren arrebataba el liderato a su compañero de equipo. La carrera se convirtió entonces en una partida de ajedrez con las estrategias siendo determinantes ante la enorme dificultad de adelantar. En su primer tercio, el más rápido era Hamilton, pero no encontraba la forma de superar a Verstappen. Lo conseguía finalmente a base de hacer antes su primera parada en boxes, pero el neerlandés recuperaba la posición con una magistral maniobra a final de recta en la que rebasó de una tacada tanto al RB de Lawson como al Ferrari del sorprendido Hamilton, que no se esperaba un ataque desde tan lejos por parte del gran enemigo de su época en Mercedes.
Por delante, Norris también mostraba más ritmo que Piastri y, para disgusto del australiano, acababa por aprovecharlo adelantando la parada mientras su compañero a punto estaba de quedar fuera de carrera al ser tocado por el Williams de Sainz cuando doblaba al español sin que este lo viese venir. La decisión de los estrategas de McLaren acabó por ser acertada, ya que Piastri fue perdiendo ritmo hasta acabar abandonando por avería en la transmisión mientras Norris rodaba más deprisa que nadie camino de su primera victoria de la temporada. Tras él parecía que acabaría Hamilton, aunque sobre el británico se cernía la amenaza de Verstappen, al que había vuelto a superar en otro cambio de neumáticos. Entonces, en Ferrari optaban por aprovechar el periodo de coche de seguridad virtual generado por la retirada de Piastri para llamar a su piloto a boxes. Al igual que en Austria y en Inglaterra, la idea no daba el resultado previsto y Hamilton caía al cuarto puesto tras el Red Bull y, lo que era peor para sus opciones en el campeonato, el Mercedes de Antonelli, autor de una carrera bastante anónima más allá de liderar durante cinco vueltas al parar más tarde que los McLaren. Por si fuera poco, en su paso por el pit-lane, Hamilton superó el límite de velocidad y eso le costó una sanción de cinco segundos que lo envió finalmente al quinto puesto, por detrás también de su compañero Leclerc.

Tras la interesante carrera de Hungría, la Fórmula 1 se va de vacaciones hasta finales de agosto con una situación en cierto modo curiosa. Antes del inicio de la temporada europea, Antonelli lideraba con cuarenta y tres puntos de ventaja después de haber logrado cuatro victorias y un segundo puesto en las cinco primeras carreras de la temporada. Ahora, su ventaja se ha incrementado hasta los cincuenta puntos pese a haber ganado «solo» dos de los seis siguientes Grandes Premios. Un aparente contrasentido que se debe a esa variedad de resultados que se ha dado desde Mónaco hasta el Hungaroring. Seis carreras en las que ha habido cinco vencedores diferentes pertenecientes a tres equipos distintos. Quien más puntos ha sumado en estos dos meses de junio y julio ha sido Hamilton, con un total de noventa y siete, que bien podían haber sido unos cuantos más de haber estado más atinados los estrategas de Ferrari y no haber sufrido el inglés un par de sanciones perfectamente evitables. El siguiente que más ha sumado ha sido Antonelli, que ha añadido ochenta y ocho a su cuenta pese a un par de abandonos por avería del muy competitivo pero no del todo fiable Mercedes. Esa vulnerabilidad de los F1 W17 ya la había sufrido también Russell en la parte inicial de la campaña. Como además ha seguido siendo menos veloz y efectivo que el italiano, consiguiendo setenta y dos puntos desde su victoria en Canadá, el inglés ha bajado al tercer puesto de la general y su distancia con Kimi se ha incrementado en otros diecinueve para elevarse a casi sesenta.
Con todo ello, la segunda mitad de la temporada, que arrancará en casa de Verstappen, el circuito de Zandvoort, sede del Gran Premio de los Países Bajos, se presenta, en lo que a la lucha por el título se refiere, en un inesperado duelo entre el joven aspirante de Mercedes y el veterano campeón de Ferrari. Tras ellos van en la tabla sus respectivos compañeros, sorprendidos por las prestaciones de dos pilotos a los que el año pasado habían superado con cierta claridad. Quinto, a noventa y un puntos pero con el buen sabor del recién logrado triunfo en Hungría, va el defensor del título con la esperanza de protagonizar una remontada como la que padeció la anterior campaña a manos de Verstappen, para quien pensar repetirla recuperando ciento diez puntos con el Red Bull parece todavía más imposible de lo que finalmente acabó siendo entonces. Sea como fuere, y pese a las muchas críticas que recibe esta «nueva Fórmula 1», lo que es innegable es que nada está decidido aún y que en los Grandes Premios que faltan (sean estos los doce previstos o alguno menos en función de la situación bélica en la zona de las carreras árabes) van a pasar muchas cosas. Y, como siempre, habrá carreras interesantes y también aburridas, como ha ocurrido a lo largo de toda la historia de la Fórmula 1 por mucho que haya quien se empeñe en eso de «cualquier tiempo pasado fue mejor» y pinte de colores vivos hasta las épocas más grises de la máxima categoría del automovilismo mundial.