Tras once grandes premios, los seis primeros pilotos del campeonato, pertenecientes a tres equipos distintos, están separados por sólo 24 puntos y ya llevamos cinco vendedores diferentes en lo que va de año. La temporada 2008 de la fórmula 1 es, sin duda, de las más interesantes que uno recuerda, y habría que remontarse a finales de los 70 o primeros de los 80 para encontrar una campaña con tantas alternativas.
La clave está en que este año no domina nadie con claridad, y si bien Ferrari y McLaren siempre están un paso por delante del resto, en ambos casos está faltando esa regularidad que está mostrando BMW (aunque en las últimas carreras parecen ir perdiendo el ritmo) y se suceden, además, los errores, los problemas de fiabilidad y los golpes de efecto, que se están repartiendo de forma notáblemente equitativa entre todos los favoritos, impidiendo que nadie cobre ventaja.
Evidentemente, queda todavía tiempo para que, bien Ferrari, bien McLaren, acaben encontrando la forma de conseguir esa continuidad en sus prestaciones que hasta ahora les ha faltado y que ha propiciado la actual situación del campeonato. Pero la sensación que viene dando el mundial, carrera tras carrera, es que este año nadie va a poder respirar tranquilo hasta el final. No se si será el efecto de la centralita única, que tal vez haya hecho más vulnerables los sistemas de los monoplazas, tan controlados com estaban por las muy sofisticadas 'electrónicas a la carta', pero el que caso es que estamos teniendo emoción y esa bendita incertidumbre, tan necesaria en cualquier deporte, hasta en circuitos tan anodinos como el de Hungaroring, donde a falta de adelantamientos, los 'golpes de teatro' fueron de tal magnitud que convirtieron en tremendamente apasionante una carrera que se presentaba como muy aburrida. ¿Qué más se puede pedir?